Una de las cosas con las que más he luchado en mi vida es con las decepciones, odio esa sensación y el esfuerzo que me implica reponerme, más si tengo que seguir con esa relación o habitando ese sistema. Puede sonar muy trascendental pero la decepción desgasta nuestra humanidad al limitar o condicionar nuestra capacidad de relacionarnos, es como un verdugo que se queda una y otra vez decapitando nuestras posibilidades de conectarnos de forma genuina con aquellos que juzgamos nos han decepcionado, trae consigo una serie de emociones de rabia, tristeza, resignación, resentimiento que se vuelven tóxicas al hacernos esclavos de ellas, se aferra de tal manera que nos puede llevar a terminar relaciones, a sentir el derecho de que podemos hacerle pagar al otro por lo que ha hecho, a limitar nuestra capacidad de entregar y de servir.
Para decepcionarnos primero tenemos que crear la expectativa de que vamos a ver o recibir algo de acuerdo a como nos lo imaginamos, esas expectativas normalmente alimentan nuestro EGO, aunque suena duro pero casi siempre obedecen a nuestro interés de satisfacer nuestras necesidades y queremos que el mundo a nuestro alrededor se comporte de acuerdo a eso que esperamos. Ahí esta el problema, el mundo se comporta de acuerdo a como el mundo es, no tenemos ni el control ni el poder sobre el otro ni sobre los sistemas en los que nos encontramos, esto significa que nuestras expectativas sobre las cosas externas nos condenan a seguir de decepción en decepción.
He empezado a mirar sobre qué tengo expectativas y a validar si son determinantes para mi vida, he encontrado que el 80% de las expectativa que tengo de las personas y sistemas que me rodean son solo deseos egoístas irrelevantes y en muchos casos mi vida no se afecta si se cumplen o no, solo se alimenta o se lastima mi EGO. El otro 20% las estoy conversando con quien corresponde y generando acuerdos, haciéndome responsable de gestionarlos, así me aseguro de no vivir sobre supuestos esperando que los otros interpreten lo que yo espero y luego culparlos por no cumplirlo. Me he dado cuenta que la vida así es mas liviana, mis relaciones más sanas, mi vida mas tranquila.
¿Cuáles son tus expectativas? ¿cuáles de ellas son determinantes para tu vida y cuáles no vale la pena cargar más?
¡Hazte cargo!
Para decepcionarnos primero tenemos que crear la expectativa de que vamos a ver o recibir algo de acuerdo a como nos lo imaginamos, esas expectativas normalmente alimentan nuestro EGO, aunque suena duro pero casi siempre obedecen a nuestro interés de satisfacer nuestras necesidades y queremos que el mundo a nuestro alrededor se comporte de acuerdo a eso que esperamos. Ahí esta el problema, el mundo se comporta de acuerdo a como el mundo es, no tenemos ni el control ni el poder sobre el otro ni sobre los sistemas en los que nos encontramos, esto significa que nuestras expectativas sobre las cosas externas nos condenan a seguir de decepción en decepción.
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